Argentina 5 - Panamá 0 - Grupo D - Copa América 2016
MESSI ILUMINÓ CON SU MAGIA A UN EQUIPO QUE GANABA SIN CONVENCER
Una goleada con el sello del crack
Entró a media hora del final para cambiarle la cara al equipo: hizo tres goles en 18 minutos y gestó el 5-0. La Selección pasó a cuartos de final.
El público, mezcla de argentinos, centroamericanos y estadounidenses, quería verlo a él. No importaba mucho lo demás. Porque en Chicago, Messi causó furor de entrada. Desde el primer entrenamiento cuando al regresar al hotel una fanática mexicana burló a la Policía y lo tomó del brazo para conseguir un autógrafo para su hijo. Hasta los diarios más importantes lo habían comparado en sus portadas con Michael Jordan el más grande basquetbolista de todos los tiempos, ícono de la ciudad.
La desilusión de muchos en la mañana de ayer fue enterarse que Leo, al final, no iba a jugar de titular como se lo esperaba. Sin embargo, nadie les quitaba a los hinchas que iban copando el estadio el sueño de disfrutarlo un rato. Y la magia sucedió en el estado de Illinois. El rugido del público erizó la piel cuando Lionel se sacó la pechera para hacer su ingreso en la Copa América, la que vino a buscar con todas sus ganas, la que quiere ganar para sacarse la espina que le hace sangrar su corazón criollo. Con la goleada de ayer, ya logró el pase a cuartos de final.
Le bastaron 30 minutos para poner de la cabeza a toda la Copa. Es la estrella del certamen, es el mejor del planeta. Con una sonrisa de nene, Leo le chocó la mano a Augusto Fernández, a quien reemplazó y se puso la cinta de capitán que le cedió Javier Mascherano. Le dijo a Ever Banega que se ubicara más cerca de Masche y él se plantó en el medio, detrás de Gonzalo Higuaín. No jugó de extremo derecho; allí se mantuvo Nicolás Gaitán.
Y por allí, entrando por el centro del área de Panamá clavó su primer grito, apenas ocho minutos más tarde de haber puesto un pie en el campo. Un rechazo de Roderick Miller dio de lleno en la cara de Pipa, que hizo de asistidor involuntario, y el balón le cayó al 10. El resto, un trámite: zurdazo a un palo.
Eso fue apenas la entrada del gran banquete de Messi. De tiro libre, acarició la pelota con la parte interna de su botín izquierdo para incrustarla contra un ángulo. Y quedaba el postre. Le dieron espacio en el área grande y cuando tres defensores panameños se acordaron de hacerle sombra, Lionel ya la había mandado a la red de nuevo. En 18 minutos (entre el 23 y el 41 del segundo tiempo) se transformó en el goleador de la Copa América, la que quiere llevar a la Argentina.
Con el hat-trick de anoche, el cuarto con la Selección, Messi llegó a los 53 tantos con el equipo nacional en 110 partidos jugados y quedó a uno sólo de Gabriel Batistuta, que con 54 es el máximo golador histórico del conjunto nacional.
Alguna vez, Hugo Gatti trató de “gordito” a un tal Maradona y éste le respondió con cuatro goles. Ahora, fue Diego el que habló de la “falta de personalidad” de un tal Messi y Leo apareció con un triplete. Una parábola de un zurdo a otro.
Valió la pena quedarse con las ganas de verlo en el debut contra Chile. Valió la pena no verlo como titular ante Panamá. Ese golpe en el amistoso de San Juan contra Honduras le dolió, sí, pero no lo tumbó. Cualquier duda quedó sepultada ayer aquí, entre los rascacielos de Chicago. Messi está de regreso y va a hacer todo lo posible por alcanzar al fin ese sueño incumplido, el de anotar un título con el equipo de su país en el libro gordo de su leyenda, que día a día se alimenta de asombrosas historias reales. Valió la pena, claro que sí.